Cassany, Daniel (2011): La cocina de la escritura. Barcelona: Anagrama

 Cassany, Daniel (2011): La cocina de la escritura. Barcelona: Anagrama



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6. PÁRRAFOS

párrafo. Cada trozo de un discurso o de un escrito que se considera con unidad y

suficientemente diferenciado del resto para separarlo con una pausa notable o, en la

escritura, con un «punto y aparte».

MARÍA MOLINER

Un juego tan simple como el que encontrarás en la siguiente página sirve para darse cuenta de la trascendencia que llega a tener esta unidad en el texto. ¿Cuál de las páginas siguientes crees que está mejor escrita, mejor ordenada? ¿Cuál crees que sería más fácil de leer?

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La respuesta más habitual suele ser la B, que es la que presenta un número de párrafos más adecuado con respecto a la página, y con un tamaño parecido. La página A causa pereza de leer incluso antes de ver la letra: estos parágrafos tan largos dan la sensación de un texto comprimido. Pero la situación contraria, la página C, no es mucho mejor: tantos párrafos y tan cortos parecen una lista desligada de ideas donde no pueda haber argumentos elaborados. Y seguramente la página D es la que provoca mayor desconfianza por la variación desmesurada del tamaño de los párrafos, que insinúa una posible anarquía estructural.

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LA TEORÍA

Definición

Se suele definir el párrafo como un conjunto de frases relacionadas que desarrollan un único tema. Es una unidad intermedia, superior a la oración e inferior al apartado o al texto, con valor gráfico y significativo. Tiene identidad gráfica porque se distingue visualmente en la página, como hemos visto en el juego anterior: empieza con mayúscula, a la izquierda, en una línea nueva, y termina con punto y aparte; también se simboliza con los signos § o // [pág. 223; § 3]. Tiene unidad significativa porque trata exclusivamente un tema, subtema o algún aspecto particular en relación con el resto del texto.

Función externa

En los textos breves de dos páginas o menos, el párrafo es trascendental, porque no hay otra unidad jerárquica (capítulo, apartado, punto) que clasifique la información y, de este modo, pasa a ser el único responsable de la estructura global del texto. Se encarga de marcar los diversos puntos de que consta un tema, de distinguir las opiniones a favor y en contra, o de señalar un cambio de perspectiva en el discurso. De esta manera, el párrafo llega a asumir funciones específicas dentro del texto: se puede hablar de párrafos de introducción, de conclusión final, de recapitulación, de ejemplos o de resumen.

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LA ARQUITECTURA DE LA FRASE

Los manuales de redacción ofrecen algunas ideas para evitar frases como las anteriores, o para reducir al máximo el efecto pernicioso que causan:

1. Limitar los incisos

Richaudeau (1978) califica el inciso de pantalla lingüística (écran linguistique), porque corta el flujo natural de la frase. Propone hacer un uso moderado de los incisos, tanto en cantidad como en calidad, y da dos consejos. Primero, reducir los incisos a menos de 15 palabras que, como hemos dicho antes, es la capacidad media de la memoria a corto plazo. Pero si no podemos prescindir de un inciso largo, entonces el autor recomienda —y éste es el segundo consejo que, dicho sea de paso, es una de las estrategias más usadas en el habla—, recomienda refrescar la memoria del lector repitiendo la última palabra de la frase después del inciso, tal como acabo de hacer repitiendo la palabra recomienda.

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2. Podar lo irrelevante

Hay que comprobar que todas las ramas de la frase aporten información útil. A menudo algunas subordinadas y complementos del nombre (introducidos por de, por, a...) son muletillas o clichés de escaso o nulo significado [pág. 145]. La frase gana claridad si se le poda la hojarasca seca y nos quedamos solamente con las palabras clave, con las hojas verdes y lustrosas:

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3. Juntar las palabras relacionadas

El inciso puede estorbar o incluso confundir la lectura, si se inserta torpemente entre dos palabras que deben aparecer juntas. Éste es el caso de algunos incisos que separan, sin motivo, sujeto y verbo, verbo y objeto, o nombre y adjetivos. Debemos situar el inciso en la posición de la frase que resulte menos conflictiva. Ejemplos:

 

110

SELECCIÓN SINTÁCTICA

Determinadas construcciones son menos comprensibles que otras, sobre todo si se usan sin criterio ni cautela. Los siguientes comentarios se refieren a las estructuras sintácticas que han demostrado ser más claras en la prosa. Así pues, ¡atención a la selección sintáctica que hagas!

1. Dejar actuar a los actores

Si los protagonistas reales de lo que se explica coinciden con el sujeto y el objeto gramaticales, la frase gana transparencia. En cambio, si la prosa esconde a los protagonistas semánticos en construcciones impersonales o pasivas, el discurso pierde fuerza. Ejemplos:

Una técnica retórica para concretar y hacer más comprensible la redacción consiste en introducir un actor en cada frase, que actúe de sujeto animado. En el último ejemplo, los imperativos llene, añada y deje implican un usted que ejerce de sujeto gramatical y real de la acción.

2. Ratio baja de nombres y verbos

Según Martínez Albertos (1974) y MAP (1991), los lenguajes periodístico y administrativo modernos (y yo también añadiría el académico y el científico) sufren una creciente tendencia hacia el estilo nominal; es decir, la proporción de nombres supera con creces la de verbos en cada frase. De esta manera la prosa ahorra conectores (conjunciones, relativos, etc.) y gana impersonalidad y objetividad; pero también pierde claridad y se impregna de un regusto abstracto. Ejemplos:

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3. Limitar los gerundios

La gramática condena el llamado gerundio copulativo o de posteridad: el que equivale a una oración coordinada con y y que expresa un tiempo posterior al del verbo principal. Una frase como *El agresor huyó siendo detenido horas después [RAE], en la que la detención es posterior a la huida, debería ser: El agresor huyó y (pero) fue detenido horas después. Además, la mayoría de manuales de estilo (ABC, El País, Canal Sur, La Vanguardia, La Voz de Galicia, Avui; pero no TVE en Mendieta, 1993) rechazan otras construcciones con gerundio: el anglicismo estar siendo + participio (*La oferta está siendo discutida); el llamado gerundio de «Boletín del Estado» (*Se ha votado una enmienda regulando...); las ambigüedades; y, en general, expresan bastantes prevenciones respecto a su uso y su abuso.

En mi opinión, el exceso de gerundios, incluso correctos, cargan la frase y le imprimen un regusto arcaico poco agradable. Quizás sea una manía personal, pero no me gusta mucho utilizarlos. Ejemplos:

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4. Evitar las negaciones

Las frases negativas son difíciles de entender, porque requieren más atención y tiempo que las afirmativas. Muchas veces podemos sustituirlas con formulaciones más positivas. Ejemplo:

5. Buscar un estilo activo

La pasiva morfológica, que funcionaba tan bien en latín y que se usa a diestro y siniestro en inglés o en alemán, nunca cuajó en las lenguas románicas. Sólo la influencia humanística y culta la mantuvo (Alcina y Blecua, 1989), contra la tendencia natural del habla, que la utiliza muy raramente. El escrito recurre a ella en el estilo periodístico y en el técnico, como solución de urgencia para destacar en posición inicial al objeto de la acción. Ejemplo: Una pintura de Miró fue robada ayer en el Museo, donde la noticia está en la pintura de Miró y no en los ladrones desconocidos que la robaron.

Con este tipo de construcciones la prosa se carga de palabras y adquiere un ritmo lento, pesado. Ejemplos:

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8. LA PROSA DISMINUIDA

(…)

SOLECISMOS

(…) Algunos manuales (DRAE, Martínez de Sousa, 1993) utilizan este término para referirse sólo a las incorrecciones sintácticas de la construcción, pero el uso general parece mucho más amplio (…)

Gergely (1992), Martínez de Sousa (1993) y Wales (1989) definen algunos de los

solecismos más habituales de la prosa, que no siempre son fáciles de distinguir y

clasificar. Mi lista personal es un compendio con ejemplos de las referencias anteriores:

1. Silepsis

Viene del griego sullepsis, que significa «comprensión». También conocida como concordancia ad sensum o discordancia, consiste en quebrantar la concordancia en el género, el número o la persona para atender al sentido de la frase. Así, se escribe: «Su Excelencia, el Presidente, está decidido» (un femenino con un masculino), «la mayor parte han aceptado» (un singular con un plural), y «ustedes trabajáis con mucho ritmo» (tercera persona con segunda). Otros ejemplos:

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2. Anacoluto

Viene del griego anakolouthon, negación de akolouthon, que significa «el que sigue, compañero de viaje». Son aquellas frases rotas, en las que la segunda parte no acompaña a la primera o no se corresponde con ella. Ejemplos:

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3. Anantapódoton

En griego significa «privado de la correspondencia simétrica». Es una variante de anacoluto, en el que sólo se expone uno de los dos elementos correlativos que tendrían que aparecer en la frase. Ejemplos:

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4. Zeugma

Viene del griego zeugma: «que sirve para unir, enlace». Según el DRAE: «consiste en que cuando una palabra tiene conexión con dos o más miembros del período, está expresa en uno de ellos y ha de sobreentenderse en los demás». Ejemplos: «Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza», donde el verbo era se refiere a los cinco atributos pero sólo aparece en el primero; también: «la madre barre la sala, y la hija, el comedor».

Lázaro Carreter (1968) distingue el zeugma simple, en el que la palabra no expresada es exactamente la misma que figura en el enunciado (Jorge compró un collar, y su hermana [compró] un pendiente), del compuesto, en que la palabra necesitaría alguna variación morfológica si fuera expresada: El partido fue distraído y los goles [fueron] emocionantes, o Ayer corrí cuatro kilómetros y hoy [he corrido] seis. Y también se puede usar el zeugma como figura retórica, con finalidades estéticas: «Cierra los ojos, las preguntas...» (Pedro Salinas: «¡Que entera cae la piedra!» en La voz a ti debida).

Por otra parte, el zeugma es un tipo de elipsis que evita repeticiones innecesarias, pero que puede dar lugar a regímenes irregulares y discordancias gramaticales. Algunas de las faltas típicas de zeugma son de este tipo:

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5. Pleonasmo

Deriva del griego pleon: «más numeroso»; y de pleonasmos: «superabundancia». Se asocia con la redundancia y el énfasis, y se opone a la elipsis. Según el DRAE, «consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para el recto y cabal sentido de ella, pero con los cuales se da gracia o vigor a la expresión; v. gr. Yo lo vi con mis ojos». María Moliner incluye otros ejemplos: «lo escribió de su puño y letra», «entrad dentro», «subí arriba». Ambos diccionarios tratan este fenómeno con benevolencia y, aunque reconocen su carácter redundante o gratuito, no llegan a censurarlo.

Martínez de Sousa (1993) se muestra más severo y ofrece una extensa tipología de casos. Considera correctos los pleonasmos que dan mayor énfasis a la oración, «en ciertas situaciones» [sic], como verlo por mí mismo, a mime buscan, al fin y a la postre, nunca jamás, sea como sea, hoy en día o diga lo que diga, además de los ya citados.

Pero censura los siguientes ejemplos, entre otros muchos:

En ellos las palabras en cursiva podrían suprimirse o cambiarse por otras distintas sin modificar el significado de la frase. Otros ejemplos reales:

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OTROS DEFECTOS

6. Anfibología

Viene del griego amphibolia, que significa ambigüedad, doble sentido o incerteza. Son frases que pueden interpretarse de dos o más maneras distintas. Ejemplos:

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Viene del griego kakos («malo») y phono («voz»). Se refiere a la repetición casual de algunas letras o sílabas, que producen un sonido desagradable. Fíjate en la primera frase que se me ocurrió para introducir esta lista de defectos; ¡la tuve que revisar en seguida!:

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8. Tics personales

Del mismo modo que cuando hablamos tendemos involuntariamente a reiterar un gesto, un parpadeo o una entonación, la prosa también refleja rutinas verbales: palabras recurrentes aquí y allá, frases calcadas, párrafos con el mismo patrón de fondo, etc. Nadie domina el infinito caudal léxico o sintáctico de la lengua; todos y todas cargamos con limitaciones expresivas. Así, los niños acostumbran a conectar las oraciones con y, que es uno de los enlaces más básicos.

Cuando estas ocurrencias adquieren relevancia suficiente para llegar a empobrecer la prosa, hablamos de tics o vicios de redacción. Son personales, imprevisibles, a menudo inconscientes y, a veces, difíciles de detectar. Envaran la prosa con repeticiones y reducen la variación léxica a mínimos escolares. La prosa resulta monótona e insulsa.

Los tics pueden afectar a varios aspectos de la redacción:

·        Repetir una palabra o expresión (vocablos genéricos, comodines, conjunciones, adverbios...): entonces, actualmente, así pues, desde luego, aspectos, mucho... La palabra actúa como cuña o muleta que articula la prosa.

·        Abuso de alguna estructura sintáctica: gerundios antepuestos, frases comparativas, subordinadas, profusión de adverbios o de adjetivos... Resultan más difíciles de descubrir. Al leer la prosa en voz alta o baja, se descubre una tenue musiquilla pegajosa.

·        Estructuras calcadas en párrafos y textos: empezar con el mismo vocablo o expresión, abusar de los marcadores textuales, cerrar siempre los párrafos con la misma frase, etc.

·        Usos poco corrientes o personales de puntuación: exceso de incisos con paréntesis o guiones, uso frecuente de los dos puntos y del punto y coma (muy por encima de lo normal), abuso de notas, asteriscos, etc.

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10. NUEVE REGLAS PARA ESCOGER PALABRAS

La diferencia entre la palabra acertada y la palabra casi acertada es la que hay entre la luz de un rayo y una luciérnaga.

MARK TWAIN

El siguiente plato contiene nueve reglas más como las de la frase, ahora sobre selección léxica. La carne teórica se guarnece con ejemplos variados, listas y ejercicios comentados para el lector hambriento.

LAS REGLAS

1. No repetir

La repetición reiterada de una palabra de significado pleno (nombre, verbo, adjetivo o adverbio) en un período breve provoca monotonía y aburrimiento. No importa que sea una palabra bonita, corta, básica (es, tiene, punto...) o la central de un tema; o que la causa de la repetición sea una anáfora, la especificidad del término usado o la dificultad de encontrar sinónimos. Los efectos perniciosos son los mismos y no se excusa de ningún modo. Ejemplo:

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2. Evitar las muletillas

A nivel de expresiones, el hecho de repetir a menudo algunas palabras actúa de alguna manera como un proceso de fijación de auténticas muletillas o clichés lingüísticos. Personalmente, pienso que se pueden utilizar de entrada en función de llenar vacíos, a raíz de articular una frase coja —y, también, evidentemente, en base a la moda verbal del momento—, pero en cualquier caso se abusa de ellas sin motivo en el acto de repetirlas.

Para empezar, he aquí las principales (como mínimo las que llevan asterisco no se consideran como muy correctas) (…)

La lista podría ampliarse con comodines, palabras abstractas [ver más adelante] o expresiones innecesarias. En general, aportan poco o nulo significado, recargan la sintaxis y terminan convirtiéndose en tics repetitivos. Dan una falsa categoría «culta» a la prosa y encima, como decía, puede parecer que están de moda o que «quedan bien>. Veamos dos ejemplos, una redacción de un aprendiz y el párrafo central de una carta que la dirección de una revista envía a sus lectores:

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3. Eliminar los comodines

Si el comodín es la carta que encaja en cualquier juego, la palabra-comodín es aquel nombre, verbo o adjetivo, de sentido bastante genérico, que utilizamos cuando no se nos ocurre otra palabra más específica. Son palabras comodín las que sirven para todo, que se pueden utilizar siempre, pero que precisan poco o nada el significado de la frase. Si se abusa de ellas, empobrecen la prosa y la vacían de contenido. Ejemplo:

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4. Preferir palabras concretas a palabras abstractas

Las palabras concretas se refieren a objetos o sujetos tangibles; el lector las puede descifrar fácilmente porque se hace una clara imagen de ellas asociándolas a la realidad. En cambio, las palabras abstractas designan conceptos o cualidades más difusos y suelen abarcar un número mayor de acepciones. El lector necesita más tiempo y esfuerzo para captar su sentido: no hay referentes reales y hay que escoger una acepción apropiada entre las diversas posibles.

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Vamos a analizar un ejemplo con detalle. Lee el siguiente titular y responde a las preguntas de la derecha:

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5. Preferir palabras cortas y sencillas

A veces la lengua nos permite escoger entre una palabra usual o una equivalencia culta, más extraña. La palabra corriente es a menudo más corta y ágil Y facilita la lectura del texto. (Debemos recordar que las palabras más frecuentes y simples de la lengua suelen ser las más cortas [ver pág. 21].) He aquí algunos ejemplos de dobletes, en los que es preferible la forma de la derecha (el asterisco marca los vocablos que no aparecen en el DRAE pero que se usan a menudo):

152

6. Preferir las formas más populares

La lengua también nos ofrece dos formas posibles en algunos aspectos de fonética, ortografía o morfosintaxis. En las siguientes parejas, la solución de la derecha, más llana y popular, también resulta más recomendable:

7. Evitar los verbos predicativos

Los verbos ser y estar recargan innecesariamente la frase. Los verbos de predicación completa son más enérgicos y claros. Otros verbos débiles que a veces podemos sustituir son hacer, encontrar, parecer, llegar a y haber.

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8. Tener cuidado con los adverbios en -mente

Los adverbios de modo terminados en -mente poseen algunas particularidades:

Son propios de registros formales. El estilo coloquial prefiere los adverbios más vivos y breves. Por ejemplo:

·        actualmente, modernamente, contemporáneamente: hoy, ahora, hoy en día

·        antiguamente, anteriormente: antes

·        claramente: de manera clara, con claridad

·        completamente, definitivamente, totalmente, plenamente, íntegramente, absolutamente: del todo, por entero

·        especialmente, esencialmente, fundamentalmente, principalmente: sobre todo

·        excesivamente: demasiado, mucho

·        finalmente: al final, para terminar

·        frecuentemente: a menudo, muchas veces

·        gratuitamente: gratis

·        indudablemente: sin duda

·        inicialmente: al principio, de entrada

·        lentamente: poco a poco

·        literalmente: al pie de la letra, palabra por palabra

·        obligatoriamente, necesariamente: a la fuerza

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·        obviamente, naturalmente, evidentemente: claro que

·        periódicamente: a menudo, de vez en cuando

·        permanentemente: siempre

·        posiblemente, probablemente: quizá

·        posteriormente, seguidamente: después, ahora, a continuación

·        provisionalmente, momentáneamente, eventualmente: de momento

·        próximamente: pronto

·        rápidamente, velozmente: deprisa, corriendo

·        recientemente, últimamente: hace poco

·        sensiblemente, notablemente: bastante

·        súbitamente: de pronto, de repente, de golpe

·        suficientemente: bastante, suficiente

·        únicamente, solamente, exclusivamente: solo, nada más

 

9. Marcadores textuales

Señalan los accidentes de la prosa: la estructura, las conexiones entre frases, la función de un fragmento, etc. Tienen forma de conjunciones, adverbios, locuciones conjuntivas o incluso sintagmas, y son útiles para ayudar al lector a comprender el texto [págs. 84 y 224]. La siguiente muestra es una macedonia extraída de Marshek (1975), Flower (1989), Cassany (1991), «la Caixa» (1991) y Castellà (1992). Por supuesto, es forzosamente orientativa, funcional e incompleta:

155

MARCADORES TEXTUALES

PARA ESTRUCTURAR EL TEXTO. Afectan a un fragmento relativamente extenso del texto (párrafo, apartado, grupo de oraciones...). Sirven para establecer orden y relaciones significativas entre frases:

156

PARA ESTRUCTURAR LAS IDEAS. Afectan a fragmentos más breves de texto (oraciones, frases...) y conectan las ideas entre sí en el interior de la oración. Son las conjunciones de la gramática tradicional.

Los marcadores textuales deben colocarse en las posiciones importantes del texto (inicio de párrafo o frase), para que el lector los distinga de un vistazo, incluso antes de empezar a leer, y pueda hacerse una idea de la organización del texto. No hay que abusar de ellos porque pueden atiborrar la prosa y convertirse en cuñas.

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CINCO CONSEJOS PARA ESCOGER PALABRAS

1. Evita las repeticiones, las muletillas, los clichés y los comodines. Ensucian la prosa y la vacían de significado.

2. Prefiere las palabras cortas a las largas, las sencillas a las complicadas, las populares a las cultas, y las concretas a las abstractas. Un vocabulario llano y vivo ayuda a comprender el texto.

3. Sustituye los verbos ser o estar por palabras con más fuerza y significado.

4. ¡Atención a los adverbios en -mente! ¡Que no invadan tu prosa!

5. Utiliza marcadores textuales para mostrar la organización de tus ideas.

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12. EL TERMÓMETRO DE LA PUNTUACIÓN

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JERARQUÍA DE SIGNOS

Los signos no tienen la misma fuerza, ni función, ni importancia en el conjunto del discurso. Más allá de títulos y subtítulos, la puntuación también sirve para organizar la información en capítulos, apartados, párrafos, frases, etc. Hay una estrecha relación entre signos, unidad lingüística y valor comunicativo. Según Mestres (1990):

228

16. PINTAR O RECONSTRUIR

Escribir es reescribir.

DONALD M. MURRAY

La persona que no comete errores no suele hacer nunca nada.

E. J. PHELPS

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GUÍA DE REVISIÓN

He aquí una pauta de revisión para tener en cuenta todos los aspectos del texto. La puedes utilizar en todos los momentos del proceso de revisión.

GUÍA DE PREGUNTAS PARA REVISAR

1. Enfoque del escrito:

·        ¿El tipo de texto es adecuado a la situación?

·        ¿Consigue el texto mi propósito? ¿Queda claro lo que pretendo?

·        ¿Reaccionará el lector/a tal como espero, al leer el texto?

·        ¿Quedan claras las circunstancias que motivan el escrito?

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2. Ideas e información:

·        ¿Hay la información suficiente? ¿Ni en exceso ni por defecto?

·        ¿Entiendo yo todo lo que se dice? ¿Lo entenderá el lector/a?

·        ¿Las ideas son lo bastante claras?

·        ¿Hay un buen equilibrio entre teoría y práctica, tesis y argumentos, gráficos y explicación, datos y comentarios, información y opinión?

3. Estructura:

·        ¿Está bastante clara para que ayude al lector/a a entender mejor el

·        mensaje? ¿Adopta su punto de vista?

·        ¿Los datos están bien agrupados en apartados?

·        ¿La información relevante ocupa las posiciones importantes, al principio

·        del texto, de los apartados o de los párrafos?

4. Párrafos:

·        ¿Cada párrafo trata de un subtema o aspecto distinto?

·        ¿Tienen la extensión adecuada? ¿No son demasiado extensos?

·        ¿Hay algún párrafo-frase?

·        ¿Tiene cada uno una frase temática o tesis que anuncie el tema?

·        ¿Están bien marcados visualmente en la página?

5. Frases:

·        ¿Hay muchas frases negativas, pasivas o demasiado largas?

·        ¿Son variadas: de extensión, orden, modalidad, estilo?

·        ¿Llevan la información importante al principio?

·        ¿He detectado algún tic de redacción?

·        ¿Hay abuso de incisos o subordinadas muy largas?

6. Palabras:

·        ¿He encontrado algún comodín, cliché, muletilla o repetición frecuente?

·        ¿Hay muchas palabras abstractas o complejas? ¿He utilizado el léxico o

·        la terminología precisos?

·        ¿Utilizo los marcadores textuales de manera adecuada?

·        ¿El lector/a entenderá todas las palabras que aparecen en el texto?

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7. Puntuación:

·        ¿He repasado todos los signos? ¿Están bien situados?

·        ¿Es apropiada la proporción de signos por frase?

·        ¿Hay paréntesis innecesarios?

8. Nivel de formalidad:

·        ¿Es adecuada la imagen que el texto ofrece de mí? ¿Me gusta ¿El

·        escrito se dirige al lector/a con el tratamiento adecuado ¿Tú o usted?

·        ¿Hay alguna expresión o palabra informal o demasiad vulgar?

·        ¿Se me ha escapado alguna expresión rebuscada, extraña o excesivamente compleja?

·        ¿Hay alguna expresión sexista o irrespetuosa?

9. Recursos retóricos:

·        ¿El texto atrae el interés del lector/a?

·        ¿La prosa tiene un tono enérgico?

·        ¿Hay introducción, resumen o recapitulación? ¿Son nece sarios?

·        ¿Puedo utilizar algún recurso de comparación, ejemplos, pre guntas

·        retóricas, frases hechas, etc.?

10. Presentación:

·        ¿Cada página es variada, distinta y atractiva?

·        ¿Utilizo las cursivas, las negritas y las mayúsculas de maner racional?

·        ¿Son claros los esquemas, los gráficos, las columnas?

·        ¿Los márgenes, los títulos y los párrafos están bien marcados ¿El texto da lo que el título promete?

Como otras veces, los diez mandamientos o consejos deben resumirse en uno, que es el que cualquier escritor debería tener escrito, con letra grande en la primera hoja del cuaderno —o quizás pegado a la pantalla del ordenador, con letra roja—. Es la pregunta última y decisiva, la que puedes y debes formularte en todo momento: ¿Ésta es la mejor versión de este texto que soy capaz de escribir? Como un pintura que no acaba, sin fin, sin meta, la escritura siempre puede llegar más allá... ¡puede ser interminable y horrorosa!

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Pero no siempre se tiene que revisar siguiendo esta especie de brújula de preguntas que es la lista anterior. Los tratados de redacción ofrecen ideas variadas e incluso curiosas para mejorar un borrador. Los diez truquillos siguientes son una selección personal hecha a partir de Murray (1987), Richaudeau (1978) y Flower (1989).

Léelos y escoge tus técnicas preferidas para revisar.

DIEZ TRUQUILLOS PARA REVISAR

1. Leer como un escritor/a. Un fotógrafo observa las fotos de manera muy distinta a un profano. Lee tu escrito como un auténtico profesional. No tengas respeto por nada. Todo puede cambiar, todo puede mejorar. Cada página está llena de nuevas posibilidades. ¿El papel dice exactamente lo que está en tu mente? ¿Se entiende todo? Arregla lo que no sea aún bastante bueno.

2. Leer como un lector/a. Eres tu propio lector por unos momentos. Métete dentro de él o ella (si lo conoces, todavía te será más fácil). Lee el escrito y detente en cada párrafo. ¿Qué piensas? ¿Lo entiendes? ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo rebatirías lo que dice? ¿Qué opinión tienes de eso? Apunta todas tus respuestas y, cuando hayas terminado, analízalas desde tu óptica real de autor. Di: ¿qué puedo hacer para evitar lo negativo que ha pensado «el lector»?

3. Hablar con un lector/a real. Pide a un amigo o a un colega que lea tu escrito. Pídele que diga cuál es, según su opinión, el objetivo fundamental del texto y sus ideas principales. Escucha con atención lo que te diga. No te justifiques. ¿Cómo puedes aprovechar sus opiniones?

4. Imaginar un diálogo con el lector/a. Si no hay lectores reales, ¡imagínatelos! Imagina que visitas a tu lector real (en el despacho, en su casa, en la escuela) y que le cuentas el contenido del texto. ¿Qué te diría?, ¿cómo reaccionaría? ¿Qué le responderías tú? Imagina el diálogo que podríais tener. Utilízalo para enmendar tu escrito.

5. Adoptar una actitud crítica. Relee el texto como si fueras un crítico implacable, con actitud dura. Exagera los errores, busca todo lo que los lectores puedan caricaturizar. No dejes títere con cabeza. Después, recupera el tono racional y valora si estas críticas tienen algún fundamento. Si acaso, rectifica los excesos.

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6. Oralizar el escrito. El oido puede descubrir lo que no ha descubierto el ojo. Lee el texto en voz alta como si estuvieras diciéndolo a una audiencia. Escucha como suena: ¿queda bien?, ¿te gusta?

7. Comparar planes. Compara la versión final de tu escrito con los planes iniciales que habías trazado. Si para poner en marcha la composición habías practicado alguna técnica concreta [pág. 53], compara lo que anotaste en aquel momento con el producto final. ¿Has olvidado algo? ¿Responde a lo que te habías planteado?

8. Tests fluorescentes. Si te gustan los rotuladores de colores y las técnicas sofisticadas, ésta puede ser tu herramienta preferida. Necesitarás dos rotuladores fluorescentes, (rojo y verde), algunas fotocopias de tu texto y seguir los siguientes pasos, de acuerdo con las reglas del semáforo:

·        Marca con color rojo los grupos nominales y con verde los verbales: si la página adquiere un tono rojizo... ¡muy mal! Para y revisa la sintaxis.

·        Marca con rojo las frases que tengan el orden sin táctico estricto de sujeto-verbo- complementos, y con verde las que varíen. Si tu escrito tiene más sangre que verdura, es demasiado monótono.

·        Con rojo, las palabras abstractas y los verbos en forma pasiva; con verde, las palabras concretas y los verbos activos. ¡Ojo, si has utilizado mucho el rojo!

En resumen, el color rojo te exige que pares y reconsideres tu trabajo. El verde te deja vía libre.

9. Programas de ordenador. Si dispones de un buen equipo informático o si puedes utilizarlo en algún lugar, no dejes pasar la ocasión de verificar la ortografía, la gramática o la legibilidad con programas automáticos. La lenta informática detecta imperfecciones tipográficas u olvidos camuflados que han burlado la mirada humana. ¡Las máquinas nos humillan!

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10. Hacer resúmenes. Lee el texto y resume en una frase corta el mensaje esencial que comunica. Haz una lista de las cinco ideas más importantes que la fundamentan. Busca un título concreto para cada párrafo. Después, responde: ¿Las frases designan exactamente lo que querías decir?, ¿te gusta la organización de los párrafos?, ¿crees que es la mejor posible?

Para terminar, vale la pena recordar uno de esos maravillosos aforismos del malogrado y conocido doctor Eduardo Torres (Augusto Monterroso, 1978): «Todo trabajo literario debe corregirse y reducirse siempre. Nulla dies sine linea. Anula una línea cada día.»

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EPÍLOGO

DECÁLOGO DE LA REDACCIÓN

Primero se habla de lo que se hablará, después se habla y al final se habla

de lo que se ha hablado.

ORATORIA CLÁSICA

Comentarios

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