De Landa, Manuel (2024): Ciencia intensiva y filosofía virtual. Buenos Aires: Tinta limón
De Landa, Manuel (2024):
Ciencia intensiva y filosofía virtual. Buenos Aires: Tinta limón
11
Introducción al mundo
de Deleuze
12-13
(…) Me enfoco en un
aspecto particular pero no menos fundamental de su obra: su ontología. La
ontología de un filósofo es el conjunto de entidades que él o ella asume como
existentes en la realidad, el tipo de entidades cuya existencia él o ella está
comprometido a pensar como reales. Aunque en la historia de la filosofía existe
una gran variedad de compromisos ontológicos, hoy podemos clasificarlos
aproximadamente dentro de tres grandes grupos: idealismo, empiricismo, y
realismo. Para algunos filósofos la realidad no posee una existencia
independiente de la mente humana que la percibe, por lo que su ontología
consiste en su mayoría de entidades mentales, ya sean pensamientos
representados como objetos trascendentes o, al contrario, como representaciones
lingüísticas o convenciones sociales. Otros filósofos otorgan a los objetos de
la experiencia cotidiana una existencia independiente de la mente, pero no
afirman que las entidades teóricas -ya sean relaciones inobservables como las
causas físicas, o entidades inobservables como los electrones- posean tal
autonomía ontológica. Finalmente, están los filósofos que otorgan a la realidad
una completa autonomía de la mente humana, sin tomar en cuenta la diferencia
entre lo observable y lo inobservable, y el antropocentrismo que esta
distinción implica. Deleuze es uno de esos filósofos realistas, cosa que de por
sí debería distinguirlo de la gran mayoría de las filosofías posmodernas, cuyos
compromisos ontológicos son fundamentalmente anti realistas.
13
(…) Deleuze En
particular rechaza muchas entidades cuya existencia es tomada por hecho en
formas ordinarias del realismo. Tomando el ejemplo más obvio, en algunos
enfoques realistas se piensa que el mundo está compuesto de objetos cuya
identidad está garantizada Por la posesión de una esencia, un conjunto
básico de propiedades que define su naturaleza. Deleuze no es un
realista con respecto a las esencias, ni con respecto a ninguna otra entidad trascendental
y, por lo tanto, en su filosofía de explicar qué es lo que les da a los objetos
su identidad y qué es lo que se conserva esta identidad a través del tiempo, se
tiene que lograr a partir de procesos dinámicos. Algunos de esos
procesos son materiales y energéticos, otros no lo son, pero incluso estos
últimos se mantienen inmanentes al mundo de la materia y la energía. De
esta manera, la ontología del proceso de Deleuze rompe con el esencialismo que
caracteriza al realismo ingenuo y al mismo tiempo anula una de las principales
objeciones de los no realistas en contra de la postulación de una realidad
autónoma (…) no me ocuparé de las palabras de Deleuze sino del mundo
de Deleuze.
(…)
14-15
La necesidad de
reemplazar las esencias con algo igualmente objetivo es una carga que afecta
sólo al filósofo realista, dado que un no realista puede simplemente declarar
las esencias como entidades mentales o reducirlas a convenciones sociales. Una
manera de pensar el esencialismo es verlo como una teoría de la génesis de la
forma, es decir, como una teoría de la morfogénesis en la cual las
entidades físicas son vistas como realizaciones más o menos fieles de formas
ideales. Los detalles del proceso de realización en general nunca son dados. Se
espera que las esencias actúen como modelos que mantienen eternamente
sus identidades, mientras que las entidades particulares son concebidas como
meras copias de estos modelos que se asemejan a ellas con un grado de
perfección mayor o menor. Deleuze reemplaza la falsa génesis basada en formas
preexistentes que se mantienen igual a través del tiempo, con una teoría
de la morfogénesis basada en la noción de lo diferente. Él no concibe la
diferencia de forma negativa, como la ausencia de semejanza, sino de forma
positiva o productiva, como aquello que dirige un proceso dinámico. El mejor
ejemplo de este concepto de la diferencia es el de las diferencias de
intensidad, como las diferencias de temperatura, presión, velocidad y
concentración química que figuran en la explicación científica de la génesis de
la forma, desde los cristales inorgánicos hasta las formas orgánicas de las
plantas y los animales (…)
15
(…) En el capítulo
cuatro prosigo a dar una breve cuenta de su epistemología. Para cualquier
filósofo realista, estas 2 áreas deben estar, en efecto, relacionadas de forma
íntima. Esto se ve claramente en el caso del realismo ingenuo, donde la verdad
es concebida como una relación de correspondencia entre una serie de hechos
acerca de la clase de entidades que pueblan la realidad, por un lado, y una
serie de enunciados que expresan tales hechos, por el otro. En la versión
esencialista del realismo ingenuo, las diferentes clases de entidades (las
especies, los géneros) agotan todo lo que hay por descubrir en el mundo. Hoy
como las esencias son eternas se sigue que el contenido objetivo del mundo está
básicamente cerrado, y qué clases de entidades completamente nuevas no pueden
emerger espontáneamente (…)
15-16
En el capítulo cuatro
no sólo trato de reemplazar la idea de una correspondencia simple, sino más
bien devaluar la idea misma de la verdad. En otras palabras, argumentaré
que incluso cuando uno acepta que existen enunciados que expresan hechos reales,
se puede sostener aún que muchas de esas verdades son triviales. El rol del
pensador no es simplemente producir verdades, sino distinguir entre la vasta
población de enunciados verdaderos aquellos que son importantes y
significativos de aquellos que no lo son. Lo importante y lo significativo,
y no la verdad en sí, son los conceptos clave en epistemología de Deleuze, Y
nuestra tarea será la de clarificar estos conceptos impidiendo que sean
reducidos a evaluaciones subjetivas o convenciones sociales. Este punto puede
aclararse si en vez de contrastar la posición de Deleuze con la versión
lingüística de la teoría de la correspondencia, lo hacemos con la matemática. En
este caso, el realismo ingenuo postula que existe una relación de
correspondencia entre los estados de un objeto físico y las soluciones
de las ecuaciones matemáticas que supuestamente capturan la esencia de un
fenómeno. En contraste, Deleuze destaca el rol de los problemas
correctamente planteados. Un problema está bien planteado si captura una
distribución objetiva de lo importante y lo no importante o, expresado de forma
matemática, de lo singular y lo ordinario.
16
El capítulo 4 explora
esta epistemología de los problemas y la compara con las versiones
axiomáticas más familiares que predominan en las ciencias físicas. Para
anticipar la conclusión principal del capítulo, mientras que una epistemología
axiomática destaca el rol de las leyes generales, tenía una epistemología
problemática tales leyes desaparecen para ser reemplazadas por distribuciones
de lo singular y lo ordinario en espacios de posibilidades (…) el mismo
mundo emerge transformado: la idea de que puede haber un conjunto de
enunciados verdaderos que nos den los hechos de una vez por todas, una idea que
presupone un mundo cerrado y finalizado, da paso a un mundo abierto lleno de
procesos divergentes que producen entidades nuevas e inesperadas (…)
Comentarios
Publicar un comentario